Reglas de oro PARA PADRES DIVORCIADOS

El divorcio puede ser un proceso difícil.  Aún en las mejores circunstancias, algunas decisiones pueden parecer más agobiantes y cuando hay hijos de por medio hay que tratar de llevar la fiesta en paz.

Afortunadamente y por decisión propia yo nunca me casé con el papá de mi hija (me aplaudo por eso), pero si tuve que vivir el proceso de negociar entre nosotros como padres.  ¿Cómo lo logré?

  • Lo primero que hice fue aceptar mi decisión. Entre más rápido tengas aceptación y entiendas que sólo vale lo que tú sientes y quieres, los resultados serán positivos.
  • Trabaja contigo misma. El trabajo más importante es que tú como madre estés libre y llena de vida para inspirar a tus pequeños. Hay que despojarse de todo sentimiento negativo que te estorbe: culpabilidad, rencores, odio, venganza, etc.  Llena tu mente y tu corazón con ideas positivas.
  • Nunca permitas que la carga de sentimientos negativos que se le imponen socialmente al título de “madre soltera, divorciada, etc.” asocien tu estatus con el abandono, la derrota, la frustración y la soledad.  Estas asociaciones no te permitirán atraer la prosperidad. Si aceptas ese condicionamiento, te convertirás en la perfecta candidata para llevar el título de “pobrecita” y te aseguro que ese rótulo de víctima es aplastante para la autoestima de cualquier mujer. 
  • Evitar hacer comentarios negativos cuando estés con tus hijos/as y sobre todo, procura que tus conversaciones sean sobre aspectos que les motiven a ser mejores.  Sé firme con la disciplina y en los límites.  Es un error grave ser una madre permisiva, pues lejos de hacerles un bien, estarías motivando el camino hacia la rebeldía y la confusión en sus mentes.
  • Dedícate tiempo, estudia, sé una profesional, practica algún deporte, haz lo que más te gusta, pero sobre todo mantén bien alta tu autoestima y verás con gozo el fruto de tu trabajo interior proyectado en la vida de tus hijos o hijas.
  • Sé  agradecida… quien se acuesta agradecida se levanta bendecida.

Los hogares monoparentales a cargo de una mujer “jefa de familia” se encuentran en constante aumento en las últimas décadas en prácticamente todos los países del mundo. Si eres una de ellas,  no te avergüences de serlo y lucha para poder hacerte la carga más liviana y lograr que un día tus hijos o hijas vean en ti el ejemplo de una gran mujer, que ha luchado con amor para proveerles todo lo que necesitan.  Siéntete orgullosa y demuéstrale a las personas que te critican que puedes lograr lo que te propongas y que estás enfocada en tu prosperidad.   Esa es tu mejor herramienta y tu mayor fortaleza.

Los divorcios/separaciones son un cambio de escenario que implica liberación, una nueva vida y, sobre todo, un re-encuentro contigo misma.   Si tienes la capacidad económica de elegir y buscar esa nueva vida, será mucho más fácil el proceso.

En fin;  la paternidad es quizá la responsabilidad más grande que existe. La educación que proporcionamos a nuestros hijos o hijas determina qué tipo de personas serán de mayores. Debemos preparar a los hijos o hijas para que sean adultos productivos e independientes, con confianza en sí mismos, respeto hacia los demás y con la oportunidad de alcanzar sus sueños.  Es decir, los educamos para que sean felices. No obstante, si nosotras mismas no conocemos la ruta hacia la felicidad, es imposible que podamos enseñársela a nuestros hijos o hijas.

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